lunes, 29 de octubre de 2012

Cuando el futuro vuelve a llamar a tu puerta

Últimamente no hago más que hablar de películas, principalmente debido a la falta de tiempo ocasionada por la universidad, el baloncesto y el trabajo. Me gusta escribir de aquellas cosas que me llaman mucho la atención para convertirlas en un "punto fijo en el Tiempo" y que no pueda olvidar con facilidad en un mundo donde todo se olvida. Supongo que es el precio por el acceso a la información de manera abusiva.

Hoy vengo a hablar de una gran película con la que prácticamente me he chocado en los morros, y es que hasta hace unos días ni si quiera conocía "Looper". Es posible que ello haya sido una de las causas por las que me ha chocado una película con estas pretensiones.



No me detendré demasiado en explicar el argumento de la película, pero si que me centraré en varios de sus puntos principales que me han gustado. Por poco que me conozca cualquiera sabe que adoro las películas donde hay viajes en el tiempo. No puedo evitarlo, es una pequeña manía que tengo desde pequeño. La cuestión real, no es el viaje en el tiempo en sí, si no como nos lo puede presentar una película y en esta se hace de manera muy original partiendo de la clásica línea temporal donde si cambias algo en el pasado, lo cambias en el futuro. Con esto, nos presentan a un protagonista que trabaja para una mafia matando a personas traídas desde el futuro con el único precio de que un día... tendrás que matarte a ti también. Para ello como compensación recibirás dinero hasta ahogarte y una vida de lujos una vez terminado el trabajo. Esto me hace reflexionar... ¿cuántas personas estarían dispuestos a ello?, posiblemente la respuesta real sea más peliaguda de lo que podamos pensar.

La cuestión es... si tu "yo" del futuro fuese a tu presente, consiguiese evitar ser asesinado por tus manos y os reencontrárais más tarde en vuestra cafetería favorita... ¿qué le dirías?. Evidentemente a todos, o al menos a mi en innumerables ocasiones, se nos ha pasado por la cabeza como sería tener una conversación con nuestro "yo" futuro, qué nos diría, en que la habríamos cagado, que sería de nuestra vida, si merecerá la pena o no, si hemos encontrado al amor de nuestra vida, si moriremos solos, si somos ricos, pobres, o uno más...  en definitiva, todo ello aparece en la película, aunque a su estilo claro.

Lo que realmente importa es, ¿qué impresión nos produciría hablar con nosotros mismos, con más experiencia y menos pelo?. Todo ello sin obviar el asunto del asesinato personal, claro. La verdad es que los dos actores hacen un grandísimo papel. Tanto Levitt como tito Bruce están fantásticos y se compenetran a la perfección. Yo dudaba de la química entre estos dos personajes. Ahora no lo dudo, más bien lo aplaudo.



Otro aspecto crucial de la película es hacernos ver que el Destino no está escrito, que es posible cambiarlo. Aunque para ello haga falta sacrificar demasiado. Todo ello sin olvidar como unos hechos, como que puedan matar a nuestra madre o no, puedan cambiarnos la vida en el futuro, lo que somos, lo que seremos, lo que fuimos.

La película juega mucho con esto y con un personaje central que acaba enlazando a los dos protagonistas, que en realidad son el mismo, que en realidad son totalmente diferentes, que en realidad nos muestra como la experiencia puede hacer que, con el tiempo, nos convirtamos en personas totalmente distintos en tan solo unos treinta años y que, apenas, podamos llegar a reconocernos si tal añorado encuentro pudiese llevarse a cabo. Aunque... bueno, tampoco lo descartemos en un futuro.

Debe de ser sorprendente ver de lo que seremos capaces de hacer en unos cuantos años, para bien o para mal, y lo que somos ahora mismo. Seguramente por eso la vida es tan valiosa y seguramente por eso el propio sentido de la vida sea experimentarla sin más.

No creo que jamás pueda llegar a hablar conmigo mismo directamente, pero al menos la pretensión de este blog siempre será como tener esa conversación a través de lo que escribo aquí. Seguramente, si sigo vivo, en unos treinta años me ría mucho al ver esto. O quizás llore.

Espero que la tecnología, en un futuro, no nos transforme en seres tan inhumanos como para vender nuestra alma por unos treinta años de lujuria. Desgraciadamente, parece que llevamos un camino totalmente contrario a ello. Yo espero reconocer al niño que creo llevar dentro aún, aunque cada vez más difuso, en treinta años. Porque es la esencia misma de lo que soy y espero seguir siendo.

Por cierto, yo sigo soñando con los viajes en el tiempo.


miércoles, 10 de octubre de 2012

De vuelta al mundo en blanco y negro



Visión en una TV como dios manda


Confieso que a día de hoy aún no había visto una película, con tantos éxitos cosechados, como "The Artist". No me pararé demasiado en alardear de la fotografía de la película ni de su increíble hacer para conseguir que un argumento pausado y aparentemente simple se nos pase volando en apenas 1 hora y 40 minutos de película en una época donde prima el cine a toda pastilla. Baste decir que me sirvió como trampolín para volver a sumergirme en una época y modo de hacer cine que tenía bastante olvidado desde que, siendo un niño, me tragaba absolutamente todas las películas del amigo Chaplin que caían en mis manos. Toda una suerte, la verdad. Realmente la sensación que he tenido ha sido la de transportarme de pronto al pasado, la de ver reflejada una época que es tan cercana y tan lejana al mismo tiempo. Y es que este ha cambiado muy rápido. 

La película tiene el increíble don de hacerme recordar porque me gusta el cine y porque, de vez en cuando, lo no convencional puede cosechar una cantidad de éxitos parecida a la de cualquier taquillazo comercial.

Volviendo al modo de hacer las cosas... sinceramente, pensaba que no sería capaz de aguantar una película que careciese de un ritmo alto, que encima fuese muda y que, para colmo de "males" se viese en blanco y negro. Un peligroso cóctel en los los tiempos que corren. Por suerte, me alegro de no haberme sentido de ese modo en ningún momento de la película y es que más bien se ha tratado de todo lo contrario.

Para detallar un poco más, me ha encantado el fuerte contraste que se produce entre George Valentin, el protagonista principal, y la protagonista Peppy Miller. Ambos se conocen de casualidad en un mundo donde el cine mudo es el absoluto protagonista de una industria en plena revolución y su gran promotor, Hollywood. Pero los tiempos cambian rápidamente y en el arte nada permanece inmutable durante demasiado tiempo y el cine mudo acaba por convertirse en un vestigio del pasado en pos del nuevo tipo de cine: el cine sonoro. George, un buen tipo pero muy obstinado y orgulloso debido a su, hasta ahora, exitosa carrera, se niega a caer con su cine e intenta por todos los medios, incluso por su propia cuenta, relanzar el cine que considera verdadero. Para su desgracia, será Peppy, la fan que conoció de causalidad —si es que no le concedemos al "destino" su glamoroso papel  en toda buena historia de cine que se precie—, la que se alce junto al nuevo modo de ver cine, convirtiendo, sin querer, la vida de George en una caída a los infiernos.

La verdad es que, sin ser nada nuevo ni contar una historia que quite el habla, si que me ha encantado el modo de hacer de la película para contar esta historia, mostrándonos no solo una evolución del cine si no una manera de hacer cine, de verlo, y de mostrarnos una sociedad en sus diversos aspectos —donde no faltarán alusiones al famoso crack del 29, muy propicio en los tiempos que corren—. Por otro lado, no me sorprende en absoluto que el actor principal haya ganado un Oscar. Ha demostrado sobradamente como un actor que se dedica a gesticular, sin necesidad aparente de utilizar su voz, y ayudado por una enorme banda sonora a cargo de Ludovic Bource, puede hacernos sentir mucho más que una gran mayoría de actores actuales. Y que hablar de la historia de amor, más bien de una oda a las historias de amor, donde más simple no significa peor, incluso aunque la hayamos visto en miles de películas. Tiene esa química entre los actores que hace que no podamos menos que identificarnos con ellos en varias ocasiones.

Sinceramente, imagino que la película tendrá sus aspectos negativos como todo buen arte que se precie, pero me cuesta encontrárselos y, más aún, tratar de buscárselos. Basta decir que me ha ayudado, en cierta manera, a reencontrarme de nuevo con este joven arte llamado Cine y que me ha ayudado a recordar porque de niño era tan aficionado a películas en blanco y negro. Posiblemente vaya a ser la causante de que ahora mismo tenga unas ganas terribles de volver a ver una película en blanco y negro. Sin lugar a dudas, me alegro de que arrasase con tantos premios por convertirse en una auténtica oda al cine, a su juventud y a ese estilo de los años 20 que algunos ya añoramos sin haberlos vivido hasta hoy. Una película que derrocha cariño y amor por el cine en su estado más clásico y tierno y un protagonista que le ha puesto una definitiva sonrisa al cine.



domingo, 30 de septiembre de 2012

Reflexiones de una semana cualquiera: decisiones







Inauguro esta pequeña sección como una pequeña auto-herramienta para reflexionar sobre ciertas cosas con las que tengo que lidiar actualmente en mi vida. No será nada concreto, simplemente pequeños pensamientos escritos aquí con la única idea de poder debatir acerca de algunos de ellos y, porque no, como medio para poder releerlos en un futuro y que me recuerden donde me encontraba exactamente en este momento y que situación "interior" estaba pasando. Las fotografías no deben de ser el único medio al que acudamos cuando queramos acordarnos de ese momento.


Todos sabemos que en la vida tenemos que tomar multitud de decisiones. Algunas de ellas pueden incluso marcarnos de por vida mientras que otras son simplemente pequeñas decisiones que pueden influir mínimamente. Pero todas ellas tienen un aspecto en común: hacernos abandonar aquellas otras decisiones que sí que pudimos tomar.

Todos nos hemos preguntado alguna vez que hubiera ocurrido si hubiera tomado esta u otra decisión. Como habría cambiado mi vida. Qué sería de mi ahora. Por suerte o por desgracia, jamás sabremos si esas decisiones nos hubieran cambiado realmente para bien o para mal. Únicamente podemos deleitarnos pensando en que no las hemos tomado. 

Por desgracia, solo tenemos un cartucho en esta vida y solo podemos seguir un camino al final. La vida, compleja hasta límites que no podemos imaginar, ante una situación, nos puede ofrecer desde una multitud de variantes a dos simples opciones. Uno o dos, A o B, Si o No. Blanco o Negro. Creo que son muy difíciles de tomar, tanto unas como otras, pese a que número de opciones sea diverso. 

Sabes, a veces pienso en que debería de haber tomado otros caminos, o que en determinada situación debería de haber hecho cosas diferentes. Me hago esas cuestiones muy a menudo. Pero creo que es una estupidez, creo que lo que está hecho, hecho está. Así de simple y difícil de aceptar a la vez. Uno de mis objetivos en esta vida es conseguir no arrepentirme de nada de lo que haya elegido. Aunque esté completamente seguro, y lo estoy, de que ciertas opciones han sido las peores de entre las peores de las que haya podido tomar. Creo, y deseo, que todas las elecciones que tenemos que tomar a diario y que tanto estas como las más difíciles, pese a que nos equivoquemos en ocasiones, deben de tener un fin. Me conformaría con que ese fin fuese únicamente el aprender de ese error, porque nos vamos a equivocar muchas veces. No soy religioso, pero creo que debemos de darle un sentido a la vida. Cada uno de forma personal.

En esta ocasión, en esta etapa de mi vida, tengo que tomar una decisión que pese a que no me afecta en lo personal —al menos no directamente—, si que va a influir en otras personas. Y me pesa porque en una ocasión yo también sentí en mis carnes haber sido el lado "desechado" de la misma opción  en la que me encuentro ahora. Hoy me situo yo en la mesa del juez. A veces, esas decisiones son tremendamente complicadas, más cuando te gustaría coger tanto la opción A como la B. Por desgracia, o por ironías de la vida, es imposible. Lo he intentado por varios caminos, pero al final he estado huyendo del momento clave: la decisión. Mientras escribo esto, trato de decidir si verdaderamente estoy seguro de que opción tomar. Fríamente, creo que no estoy eligiendo la mejor opción posible, pero, desde el corazón, creo que estoy eligiendo la decisión correcta. Aún así, una elección descarta a la otra. Toda acción tiene su reacción. Eso es así. Eso son las decisiones. Elija la opción que elija, la balanza se equilibrará a un lado y un plato se elevará mientras que otro descenderá. Es imposible pretender ascender a los dos por más que te gustaría. 

Y es que al final, y únicamente al final, por mucho que huyamos, tarde o temprano, todos tenemos que enfrentarnos a esos terribles momentos que marcan a todo ser humano en muchos momentos de su historia: nuestro encuentro con la señora de la balanza, Temis, y la decisión del lado donde pondremos la Piedra. 


domingo, 23 de septiembre de 2012

La enfermedad de la nube





Estamos totalmente infectados. El ser humano es un animal social por pura naturaleza, pero hemos llevado eso hasta un límite insospechado. Hoy en día la mayoría de personas del primer mundo no saben vivir sin estar "conectados". Lo que hace unos años era un cuento de ciencia ficción hoy se ha convertido en una normalidad pasmosa. Estoy convencido de que conocéis a personas que son incapaces de estar un día sin móvil, whassapp, facebook, tuenti, twitter y similares. Yo mismo hablo desde la experiencia. Estoy convencido de que sería una situación que me costaría asimilar, quizá no en un día, pero posiblemente trás varios días ya lo echaría de menos como si de una droga se tratase.

Posiblemente la palabra "droga" sea lo que más se asemeje a lo que vivímos hoy en día con esta masiva conectividad que no tiene vistas si no de aumentar cada día más. Probablemente en unos años la situación no tenga nada que ver con la que se está dando hoy en día. Aún recuerdo cuando hace unos años tener Internet era un bien de lujo que no se daba precisamente en muchos hogares. Hoy en día aquello es un chiste, y probablemente un chiste malo. Hoy en día no somos conscientes de que aquel fue el germen que dió inicio a una nueva revolución tecnológica.

Enumerar las innumerables ventajas que nos puede dar este nivel de conectividad es innecesario, pero como toda tecnología también tiene su gran lado oscuro: dependencia abusiva, depresiones, sin soledad (algo que cada vez asusta más a las personas, y no tendría por que ser así), etc. Hoy en día nos da auténtico miedo estar solos, no tener ninguna "puerta" abierta. Es irónico, porque por otro lado es posiblemente la época en la que más sola esté realmente la gente, aunque la realidad es y será pronto un concepto muy discutido si es que a este paso conseguimos concebir que es realidad y que no lo es.

Esta pequeña reflexión me ha venido a la cabeza tras visionar "Black Mirror", una serie de corte antitecnológico, que nos muestra posibles caminos y consecuencias de este modelo abusivo tan arraigado en nosotros hoy en día, muy centrado en el papel de las redes sociales. Lo peor es que, aunque los capitulos sean de ciencia ficción, están basados en un futuro y en una realidad que no solo puede darse, si no que tiene muchas papeltas de ser así, siempre teniendo en cuenta los diferentes matices. Pero el concepto, el concepto clave que nos dan esos capítulos, es una causa que sin duda se dará en el futuro, y no muy alejado de este presente.

Lo más curioso de esos capítulos es observar las consecuentes pérdidas de humanidad a las que se ven sometidas los diferentes protagonistas, algo palpable con solo salir a la calle o con observarse uno mismo. ¿Seremos finalmente presas de nuestro propio poder tecnológico?, y no me refiero precisamente a que las máquinas nos vayan a dominar, no al menos en el sentido literario. Pero si es cierto que estamos creando una droga en forma de dependencia excesiva de la que no se hasta donde nos va a llevar, principalmente porque nadie considera que sea algo malo en sí. La visión de estos capítulos me ha hecho reflexionar en que quizás no sea ni la mitad de bueno que parece.
Y todo esto por no hablar del asunto de la privacidad. Uno no lo suele pensar detenidamente, pero cuando subimos fotografías, mensajes privados o vídeos nuestros a cualquier servidor de esta serie de redes sociales, no tenemos ni la más mínima idea de que harán con toda esa información que estamos subiendo a la nube. Por no hablar del uso que otras personas pueden hacer y hacen en diversas ocasiones con esa información. Nunca nos hemos cerrado tanto a la realidad y nunca hemos abierto nuestras puertas con tanta facilidad al resto del mundo. La imaginación puede ser muy cruel con el uso que se puedan realizar de todo ese material multimedia.

Quizás, a veces nos olvidamos de vivir la vida. Quizá, a veces somos demasiado poco conscientes de nosotros mismos. Quizá, a veces estemos perdiendo aquello que nos hace humanos.

sábado, 28 de abril de 2012

Esa oscura maldición humana

En innumerables ocasiones nos hemos desquiciado con las banalidades de la vida con una facilidad pasmosa, pero igual de cierto es que no sabemos apreciar las cosas buenas, salvo cuando las perdemos. La enfermedad es algo que lleva atormentando al hombre desde sus inicios que veía como familias y pueblos enteros eran avasallados por calamidades como la peste sin contemplación alguna.



Llevo un año y medio observando como una persona, muy cercana y querida por mi, lucha contra una enfermedad día tras día. Una enfermedad no merecida como tantas cosas en la vida. Si bien la enfermedad no es crónica y no le está suponiendo un gran problema para tener una vida normal —aunque más bien debido a su propia fuerza de voluntad—, es un peso que lleva día tras día y que, por muy fuerte que seas, te devora poco a poco psicológicamente. Cuando a esta persona le diagnosticaron esa enfermedad —una "rara avis" que, en principio, había desaparecido hace años de nuestro país—, aparte de tener que pasar por unas pruebas muy duras, una de las primeras cosas que le dijeron fue que se tomase un par de años de vacaciones forzadas ya que iba a ser jodido convivir con una vida normal y el tratamiento que esta le deparaba.


Esa persona, por la que siento una inmensa y profunda admiración, no solo ha hecho que dichas palabras se conviertan en mero aire, sino que aparte de llevar una vida normal, sigue estudiando, está sacándose una carrera e incluso tiene tiempo para ir al gimnasio pese al bajón físico que le imponen los diferentes tratamientos que ha de seguir —muy cercanos al nivel de la quimioterapia—.


En ocasiones, solo en ocasiones, como cualquier ser humano que se precie, tiene sus dudas, no sabe que pasará cuando termine el tratamiento —algo que será en los próximos meses— ni si la enfermedad volverá a resurgir de su latente escondite. Yo estoy convencido plenamente de que no lo hará. Quiero confiar en que todo el tecnicismo en el que vivimos inmersos cada día servirá para luchar contra enemigos de este calibre. Un enemigo ancestral del ser humano. 


Pese a todo, esta persona lo ha llevado de una manera increíblemente normal, optimista incluso. ¿Hay, acaso, algo más valiente que sobrellevar una maldición así y sobreponerse incluso a ella?. Creo que ahí radica el verdadero poder del ser humano, el poder de sobrepasar nuestros límites —especialmente aquellos que creemos tener— y de llegar mucho más allá. Un poder que nos ha enseñado todo lo bueno y todo lo malo del ser humano a lo largo de su historia. Esta persona me demuestra eso todos los días y no puedo más que orgullecerme de haberla conocido. De haberla conocido porque me ha enseñado y me enseña cada día como se debe afrontar la vida y como tener el coraje suficiente para plantarle cara a las dificultades que, sin duda, asolarán una y otra vez toda vida.


En ocasiones, yo el primero, nos frustramos con las innumerables banalidades de nuestra existencia pero... a veces pienso, ¿qué derecho tengo yo a quejarme de nada cuando ves que hay personas así, demostrando día a día lo gilipollas que somos por dejarnos vencer por las banalidades del día a día?. Yo, el primer imbécil. El primer imbécil que se queja pese a tener todo lo que necesita en la vida, especialmente la salud —por ahora— y el querer de muchas personas, pese a que no me merezca nada. No podemos olvidar que hemos nacido en una época con una "libertad" inusitada, al menos los que vivimos en esta burbuja occidental que, por ahora, no ha explotado, pero que, como toda burbuja, le llegará su fin. 


Como esto no tengo otra pretensión que ser un pequeño cuaderno de notas para mi mismo que pueda decirme a mi yo futuro, ¿quieres dejar de bajar la cabeza, mirar al frente, y superar la marea?. Y, sobretodo, mientras tengas Salud, disfruta del viaje de la vida, en serio "Yo del futuro", disfrútalo. Día a día.





miércoles, 15 de febrero de 2012

Hasta siempre, genio.




Ayer terminé de leer la biografía oficial de Steve Jobs. Sinceramente, no conocía demasiado a este personaje más que lo que leía eventualmente sobre él, sus famosas presentaciones y que era el creador de Apple. Cuando encontré este libro con su preciosa portada blanca en una librería y tuve la oportunidad de echarle un vistazo a su interior, no sé exactamente porqué, me inspiró profundamente solo con leer algunos fragmentos. Entonces decidí que tenía que leer esa biografía, cuando tuviera dinero para ello claro.

Cuando por fin conseguí el dichoso libro, me enganchó desde el primer momento. Posiblemente ayudó bastante mi afición por cualquier tema de índole informático o tecnológico desde pequeño. Por supuesto, no es mi intención ahora esbozar una biografía del personaje y sus diversos logros, basta con decir que gracias a él ahora son normales las interfaces gráficas en los ordenadores, los mp3 de bolsillo y los típicos, ahora, smartphones además de crear una de las empresas más originales, innovadoras y fuertes de la actualidad.

Debido a mi curiosidad, adoro las historias de vida, especialmente si son de alguien tan interesante o de genios con una personalidad atípica. La historia de este hombre, de hecho, es absolutamente apasionante, de ahí que pudiera tragarme las 750 páginas que componen el libro. Me gustaría centrar esta pequeña entrada y despedida especialmente en su curiosa personalidad y en su percepción del mundo.



Para Steve Jobs, las opciones se limitaban a dos: blanco o negro o "esto es una mierda" o "es absolutamente genial". No era un gran matemático, ni un ingeniero y ni siquiera terminó la universidad y, de hecho, podía ser un auténtico capullo (algo que la biografía retrata muy bien, pese a que creo que se deja algunas cosas en el tintero que bien podrían haber sido interesantes). Y cuando me refiero a que podía ser un auténtico capullo me refiero a que podía hacerle la vida imposible a cualquier ingeniero y despedirte de la manera más humillante posible. Pero, por otro lado, tenía una visión única para saber que era lo que funcionaría o no en un mercado y para crear productos imposibles que marcaron una auténtica tendencia en el mercado. Y, sin lugar a dudas, era capaz de "venderte la moto" de manera absolutamente magistral.

En su juventud, se vio fuertemente influenciado por el budismo zen y sus diversos ámbitos alimenticios, ambas cosas bien han podido costarle la vida cuando decidió no operarse inmediatamente tras conocer que padecía un cáncer de páncreas (uno de los más mortales) y que, al haber encontrado con tiempo, podía haberse evitado que se extendiera como lo hizo. En lugar de eso, Jobs decidió durante los primeros 9 meses intentar erradicar el cáncer a base de una estricta dieta vegana.



Esto puede parecer una locura y, de hecho, lo fue pero nos indica que tipo de persona fue Steve Jobs. Un hombre que, pese a no tener estudios, se confió plenamente a su intuición y supo donde había que encontrar una aguja en un pajar para crear Apple de la nada cumpliendo así el susodicho "sueño americano". ¿Deberíamos contar más con nuestra intuición y hacer las cosas con el corazón? Jobs era un déspota cuando se trataba de manejar al personal, pero también lo hacía con el corazón. No le movía puramente el dinero, le movía la pasión por su producto y porque este fuera el mejor y más innovador del mundo. Su objetivo, como artista que se consideraba y que, verdaderamente, era, era conseguir marcar una brecha en el Universo en forma de tecnología.

Su lucha contra el cáncer también merece un gran aplauso. Hasta el final estuvo presente en todas las presentaciones incluso pese a ofrecer un aspecto cadavérico que casi daba miedo pero en el que, pese a todo, era ovacionado.



Como decía al principio, Jobs fue muchas cosas, pero creo que lo más importante ha sido el legado que nos ha dejado a todos, porque hoy en día todos usamos un smarthphone y, mínimo, todos poseemos un mp3 similar al iPod, ¿verdad? Incluso todos nuestros ordenadores presentan una cuidada interface gráfica.

Así pues Steve, si se me permite tutearte, gracias y, si es cierto que ahí fuera se encuentra algo más aparte de la no existencia, espero que también hayas revolucionado aquel lugar.




PD: Creo que me mataría si supiera que he leído parte de su biografía en un Android.

jueves, 5 de enero de 2012

La noche más mágica del año

Soy un privilegiado. Tengo un tesoro que no todo el mundo ha podido conseguir. Esta noche ocurren milagros. Muchos niños, cuando se levanten mañana nerviosos y ansiosos, se encontrarán multitud de regalos —algunos más, algunos menos, algunos nada — y los abrirán con esa ilusión y tensión que se palpa siempre en los instantes antes del "¿será lo que pedí?".

Vosotros os recordáis a vosotros mismos, siendo unos niños, de ese instante, ese momento, ¿de esa noche anterior?. Es una magia indescriptible. Una magia que, por desgracia, mientras nos vamos convirtiendo en "adultos" —que daño ha hecho esta palabra— vamos perdiendo en ese afán de la búsqueda del realismo pragmático de la realidad. Yo debo de ser de esas personas que nunca quería llegar a tener 18 años, porque sigo admirando y observando a todos esos niños que esperan con ilusión este día. Parece curioso, pero debe de ser que a mis 23 años aún no he perdido del todo esa magia, o más bien me aferro a no hacerlo, y es que estoy ilusionado casi como mi hermana pequeña de 10 años —a la que no dejo de observar estos días— con lo que vendrá mañana. 

Antes decía que era un privilegiado. Si, en efecto. Lo soy porque tuve la suerte de que mis padres tuviesen una cámara de vídeo —y que ahora tengo pasado a DVD— donde puedo observarme. Y observo a ese niño que me resisto a perder y que tanta nostalgia me suscita. Todas las noches de reyes, antes de irme a dormir, intento ver un rato ese vídeo donde puedo observar varias de mis navidades, y no puedo más que sonreír al ver al dichoso niño y la ilusión con la que abría sus regalos. Y más sonrío cuando me doy cuenta de que ese niño sigo siendo yo, de que por mucho que la vida siga —y sigue—, lo guardo en mi corazón y en mi mente por siempre jamás y que, si puedo evitarlo, jamás se irá del todo. 

¿Me traerán lo que he pedido? 



Lo siento, pero no puedo evitar estar nervioso, mañana vienen los Reyes Magos.

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More

 
Design by Free WordPress Themes | Bloggerized by Lasantha - Premium Blogger Themes | Walgreens Printable Coupons